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“Wena Naty” o el doble estándar de los medios
Escrito por Feministas Tramando   
miércoles, 10 de octubre de 2007
Durante las últimas semanas los medios han mostrado su verdadera cara patriarcal juzgando en mujeres, lo mismo que alaba o silencia en los hombres. Por televisión, internet y radio, la frase “wena Naty” hizo famosa a una escolar cuyo rostro fue conocido a través de una grabación, donde aparecía teniendo sexo oral con un joven.
Su fotolog se llenó de comentarios, muchos ofensivos y moralistas. Los chistes sobre ella abundaron y por supuesto fue expulsada del colegio “bien” de donde era alumna, La Salle, incapaces de resolver la situación de un modo pedagógico.
Los dos compañeros de la sexual aventura, en cambio, no corrieron la misma suerte. Poco se supo de ellos, sus nombres prácticamente no fueron mencionados, y en el fotolog de quien subió la imagen al ciberespacio incluso podían leerse posteos de apoyo, donde la situación era tomada a la broma. Por supuesto, ellos son hombres.
Entonces la discusión no fue por qué los tres decidieron grabar la situación o hacerla pública, cosa que hace rato sucede entre los jóvenes, con más tecnología a la mano que criterio. Tampoco por qué un colegio tiene derecho a expulsar a una niña por hacer lo que todos y todas hacemos, hemos hecho o haremos, y cómo el Ministerio no tiene capacidad de controlar este tipo de discriminaciones. La discusión, a decir verdad, no existió.
“Wena Naty” se transformó en una frase chistosa, para referirse a una joven catalogada de “golosa, warrior o camboyana”, nombres patriarcales con que se cataloga a las mujeres que no calzan con el prototipo de niñita bien.
Y Naty no fue la única mujer en la polémica. En el sur una pareja adolescente fue denunciada por querer vender al bebé que esperaban, siendo nuevamente la joven el centro de la discusión, aunque es evidente que ni había hecho sola a su crío, ni la decisión de venderla era un plan personal.
Del padre del bebe no se habló más. A la chica, en cambio, se la internó en un hogar de menores para que ordenara su mente y decidiera entregar al bebé en adopción (tradicional por cierto, sin plata de por medio) o el “instinto maternal” le surgiera durante el periodo.
La alarma de los medios en este caso se centró en cómo una madre podía hacer tal cosa, y nada se dijo sobre qué podía pasar con una chica para llegar a este extremo, y por qué JUNTOS planearon una solución de esta naturaleza. Y ni pensar en la evidente conversación en cualquier lugar civilizado acerca de por qué una niña de su edad, sus medios y su inmadurez estaba esperando un bebé. ¿Educación sexual, pastilla del día después, aborto seguro y legal? ¿O todas juntas?
Ni Naty ni la otra muchacha recibieron un juicio justo. Sobre ellas cae la condena no sólo por lo que hicieron, sino porque lo hicieron además siendo mujeres. Mientras sus pares masculinos brillan por su ausencia, y algunos incluso reciben palmaditas en la espalda por la hazaña.
 


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