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Global Fund for Women
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Una de tantas formas de dominación femenina
Escrito por Daniela Wallfiger   
martes, 08 de junio de 2010

Miente, miente  que algo queda escuché de un gran amigo citando a Goebbels. La mentira es un potente recurso para movilizarse y conseguir cosas sin mayor esfuerzo en la vida  de adulto. Cuando eras niño o niña, mentir era parte de un mundo prohibido y sentenciado a castigo por la sociedad,  representando por  tus padres  tu conciencia y  Dios. Naciste creyendo en esas verdades, naciste creyendo que quien osara traspasar el límite estaría condenado o al menos pagaría la osadía. 

Sin embargo cuando creces, ves que la impunidad y la relatividad social  ha triunfado por sobre la coherencia forzada que te otorga  la educación tradicional.   La vida entera está construida a base de mentiras y ves cinismo y omisión cuando aprendes a leer en doble línea y con asombro observas que los autores  de aquellas patrañas siguen sueltos por las calles sin mas castigo que su propia conciencia psicopática, que les da un pase libre para un hagámoslo otra vez. 

Para alguien que ve la mentira como parte de la vida, leerá esta reflexión como un caso de histerismo femenino o inocencia anacrónica de mujeres idealistas que viven y luchan por un mundo mejor, esperando que su príncipe azul sea el hombre que la proteja del mundo y de las mentiras que puedan haber en el.  

Bajo el paradigma conservador y paternal la realidad se vuelve en contra: te enseñan o te domestican para tales respuestas y resulta ser que la sociedad es sumamente permisiva y relativa. La mujer que nace en el seno conservador de las miradas sutiles de un mundo fantástico y piadoso, éste, comienza a desmoronarse con la primera experiencia del amor, de amor de pareja .  

Si no creemos en el status quo de que estar con pareja es mejor que nada, aceptamos implícitamente una de las grandes mentiras hipócritas de los adultos:  vivir y estar en pareja es mejor que la soledad, vivir y estar en pareja es mas natural que estar solo, porque Dios y la naturaleza, hombre y mujer hizo además de la universal creencia que la realización máxima de la mujer está en la maternidad. 

Este constructo social de los roles femeninos y masculinos a través de la historia occidental ha calado tan hondo, que cualquier hombre o mujer ve que lo lógico y normal está en la búsqueda y concretación de la pareja ideal y la formación de la familia como resultado de ese amor. Quien está fuera de esas categorías por opciones o circunstancias,  tiene un problema psicológico o social y es una anomalía para el sistema.  

Para muchos y muchas conservadoras la realización humana está en esta tarea :. La pareja y la familia se ha transformado en sentido de vida y la felicidad se completa cuando tienes a tu media naranja al lado. Esto último no se haría parte de mi denuncia si no lo vemos desde el lado racional. El ser humano es integral y también es un ser social que interviene en la realidad. Si pone todo su énfasis en la construcción de la pareja y familia, se lo relega de muchos espacios, lo que a largo plazo provocaría que otros sentidos de vida construidos desde los proyectos colectivos por ejemplo, queden en ningún lugar y el liberalismo ha hecho un excelente y eficiente uso de la exclusividad al trabajo y a la familia. 

  Una vez que formalizaste y tuviste hijos, ¿ que sucede con los aproximadamente 40 años de vida restante? Unos dirían siguen en función de la mantención y cultivo de ese amor pastoril preciado y sagrado como lo es el matrimonio y el amor de pareja. Pero esta idea tan válida para prolongar la especie pareciera ser que su sostenimiento a través del tiempo corre por parte de la mujer, puesto que su ámbito de desarrollo es el privado y el ámbito del hombre es vida ganar un espacio de poder en lo público.  

Sucede que la mujer de hoy que si tiene acceso al mundo público, si se dedica mucho a él, corre el peligro de fracasar en su empresa familiar. Allí hay una gran mentira y una de las tantas formas de dominación femenina: mientras el hombre puede descansar en un status quo de descuido, desapego familiar y de amor de pareja una vez consolidada la meta privada, la mujer en cambio debe sostenerlo a costa de su anulación como persona y condenada a la infelicidad por tanto prejuicio social internalizado. 

No es que el fracaso familiar sea sinónimo de infelicidad, sino que la sociedad pasado unos años  de vida cronológica personal, no tolera que sus miembros  no sean capaces de consolidarse,  hombre o mujer en la construcción de familia. En esta última condena social es más cruel con el miembro femenino, puesto que se concibe a priori que su naturaleza es más pasiva y contenedora por lo tanto la gran generadora del consenso que en su mayoría es otra más de las mentiras mantenidas en este mundo de doble estándar. 

Estamos en tiempos de amor y de cólera. Históricamente el matrimonio era una institución de estatus y de poder y hoy en cierta medida lo sigue siendo, pero está conviviendo con las nuevas formas basadas en la libertad de elección y del amor como base de éste. Es por ello que acabándose el amor  muchas veces se acaba el vínculo, que traducido a la  reflexión primera sería una verdad que convive con la hipocresía.   No obstante la denuncia de esta nota es que el peso de la tradición y sobre todo en chile, hace que este status quo cuando se rompe, se mantiene por la fuerza de los que dirán y por los cientos de acuerdos implícitos que hay detrás de una relación de pareja que involucra familiares e hijos.  

Es mejor entonces que exista la mentira y que se simulen las convivencias normadas por la sociedad. Las grandes sostenedoras de la gran mentira son las mujeres y porque digo que es una especie de dominación, porque asumen los daños emocionales del engaño quedando con muy pocas posibilidades de evadir generando comportamientos psicológicos como la histeria y otra tantas tenidas por neuras ( habría que hacer un estudio del % del cáncer de mama o de útero, símbolos sexuales, auto reprimidos inconscientemente, castigados por la hipocresía sostenida a lo largo de los años). 

Una mujer sigue atada a una mentira porque hay una dependencia que incluso puede ser doble: por un lado el constante maltrato psicológico que sufre de parte de su pareja, porque Marx había establecido que la primera relación de dominación es la dual entre un hombre y una mujer además por la desigual correlación de fuerzas; por otra el acceso al poder cualquiera que sea, en lo formal está reservado para el género masculino siendo el ámbito doméstico el reservado para nosotras, y quien  obtenga conciencia de los roles impuestos será una mujer que sufre la condena de sus propias pares féminas de conciencia y educación machista, pasando a engrosar las filas de los reforzadores de este modelo patriarcal dominante y decadente, que por otra parte el poderío económico que durante muchos años y hasta hoy sigue siendo exclusivo del mundo masculino, blanco y occidental. 
 


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