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Kali con el voto a dos manos: aquí no estamos para salvar a nadie.
Escrito por Feministas Tramando   
sábado, 19 de diciembre de 2009
La tensionante verborrea televisiva en torno a las elecciones presidenciales y parlamentarias parece estar uniendo a Chile a través del noticiario, como de cualquiera de las tragedias mediáticamente infladas para hacernos bajar la guardia. Que uno de estos días Chaitén haga erupción, explosión, o se convierta en un glaciar no sería tan extraño, de no ser porque hasta el 17 de Enero, lo único importante es saber a dónde irán los votos de MEO, o si el 25% de progresistas que no votó por Frei son progresistas de los buenos o de los malos. Porque reconozcámoslo, en esta campaña todos eran progresistas, con vocación pública, más humanos, más cercanos, menos corruptos. Absolutamente todos querían ver un nuevo Chile. Lástima que si se lo dejamos a ellos, lo único realmente nuevo este 17 de Enero, serán las guaguas que nacieron en Año Nuevo, que serán, por supuesto, las guaguas del Bicentenario.
 

Cuenta la leyenda que a la Diosa Kali, diosa de la destrucción pero a la vez diosa-madre en la tradición hindú, no había quien la calmara más que el dios Shiva, cuya estrategia era aludir a su instinto maternal. Para ello se hacía pasar por un bebé en desgracia, lo cual parece ser una estrategia infalible para contener el potencial destructivo de los mamíferos. Es una pena que la ciudadanía sea tan mamífera para sus cosas. No porque nos entusiasme necesariamente la destrucción, aunque de todas formas es más atractiva la diosa destructiva que la diosa maternal, al menos en lo que respecta a la política. Pero lo que nos entusiasma no es este bebé en desgracia, que nos llama a acunarlo, cuando, igual que la diosa Kali, tenemos mucho más que sólo dos brazos. ¡Por lo menos seis manos y nos tienen a dos! eligiendo entre la coca cola y la pepsi, entre una de las derechas más conservadoras del mundo y una coalición que de socialista no tiene más que el corazón, y disfraza su liberalismo mental tan burdamente.

Este no es un llamado a unirse contra la derecha ni a rechazar por completo este tipo de política del mal menor y la participación ciudadana cautelada. Es necesario hacer un reconocimiento a tod@s aquell@s que creyeron sinceramente en esta vía y que en estas elecciones dejaron más pies que huellas en las calles, dado que coincidentemente el presupuesto no suele acompañar a las buenas intenciones. Por otro lado, tener derecho a voto es expresión de una facultad no menor, un poder que ejercemos votando por los candidatos (y cada cual tendrá sus razones) y no votando, o votando por Juanin Juan Jarry, y cada cual sabrá que hacer el 17. Es importante no dejarse amenazar, quien quiera ser elegido tendrá que saber convencer, lo interesante de poder decidir es, justamente, poder decidir. Pero hay un poder que no nos otorga ni Dios ni el Rey ni el Estado, y ciertamente tampoco Movistar. Ese poder lo ejercemos nosotras y nosotros, y no puede pasar desapercibido ni por un minuto, menos ahora que tendemos a olvidar que la política no está en las urnas, que no es una actividad higiénica y de terno, ni nos incumbe sólo cuando es una obligación.

Si fuéramos más que un electorado mamífero, una ciudadanía ovípara, sería el bebé quien tendría que caminar a nuestro ritmo para sobrevivir y así las cosas, Shiva no podría controlar a Kali, y Kali haría maravillas con tanto brazo y, bueno, para qué engañar, la destrucción en estos casos es una fiesta.  

 

 

 

 


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