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“Peleando por una ciudad de las fotógrafas” Entrevista a Kena Lorenzini
Escrito por Paulina González/ fotos: Paulina González   
martes, 17 de noviembre de 2009

“En la fotografía plasmo mi urgencia por hablar”

¿Cómo empieza esta historia, estudiaste fotografía?

Lamentablemente estudié y digo lamentablemente porque el criterio de las personas que enseñaban allí daba mucho espacio al tema de la óptica, de la física, de la química, además querían que tú hicieras lo que ellos querían y como yo no hice las cosas exactamente así tuve muchos problemas, de hecho nunca me gradué. Lo que más aprendí en esa escuela fue a usar las manos en el laboratorio, lo demás todo lo tuve que aprender en la calle.

¿Por qué quisiste hacer fotografía?

Siempre me gustó, desde chica. Mi papá tenía cámaras, hacía fotografías y filmaba como hobbie, y eso a mí me encantaba. Cuando iba a terminar el colegio iba a estudiar fotografía, pero lo encontraba muy rasca porque en ese tiempo no lo veía como profesión. Mi idea era estudiar psicología y no quedé; justo mi hermana se enamoró de un fotógrafo, se casó con Domingo Marinello y ahí yo dije: esto es lo que quiero hacer. Me di cuenta de que no era una profesión menor, no era sólo apretar un botón y decidí estudiarla. También influyó el hecho de que éramos ocho hermanos, yo quería diferenciarme, hacer algo donde nadie se metiera, ni mis padres, y la fotografía me permitía hacer algo único donde sólo yo decidía, nadie más haría algo como yo, aunque fotografiara lo mismo. Esto lo hago sola con mi cámara como el acto de mayor independencia.

¿Cómo llegas a trabajar a revista “Hoy”?

Mi primer lugar de trabajo, aunque sin sueldo, fue en el diario La Nación, en plena dictadura. Venía de Talca, no tenía idea de nada, no era muy politizada, hice mi práctica allí hasta que me echaron. Allí no sentí la dictadura, me mandaban a trabajos menores y era la única mujer. Después de eso decidí buscar trabajo en otros medios. Así me llamaron de la revista Hoy para hacer un reemplazo. En ese tiempo tenía muchas amigas de derecha  que me decían “La Hoy miente” y como yo no tenía mucha idea les decía: si miente me iré. Yo no sabía, no era una mujer de oposición, no tenía conciencia política y trabajando ahí, al lado de Marcela Otero o Patricia Verdugo, la visión me cambió totalmente. Al principio cuando iba a reportear tenía una mirada más asistencialista, me acuerdo que un par de veces me puse un billete entre los dedos cuando me iba, para darle plata a la gente, hasta que Marcela Otero me fue inculcando la diferencia entre hacer la revolución, la justicia o la caridad. Había que hacer justicia, no caridad. Allí vi todos los horrores en vivo y en directo de la dictadura así es que no me costó nada estar en contra. Aprendí mucho, mi conciencia de justicia se armó ahí hasta que me acusaron de marxista cuando yo nunca había leído a Marx e incluso una vez vendí las Obras Completas de Marx que me había regalado mi padre para pagar el arriendo. La salida de “Hoy” tuvo que ver más con las exigencias que yo hacía: mejores condiciones en el laboratorio, el tema de la propiedad intelectual, el derecho de los negativos y una carta enviada al director solicitando una serie de cosas. En todo caso, de ahí me llamaron de la revista Análisis y no estuve ni medio día sin trabajo.

La pregunta de rigor: ¿Cuáles son tus fotógrafas y tus fotógrafos predilectos?

Paz Errázuriz ha desarrollado una obra maravillosa. Diane Arbus me gusta porque es algo que yo jamás haría; el trabajo documental de Helen Hughes, sus escenas me encantan, en sus inicios me gustó la Leibovitz, Julia Margaret Cameron, Gertrudis De Moses. Una de las fotografías que más me ha marcado es la de una ecuatoriana donde aparecen unas gallinas muertas que están colgando por una ventana, en blanco y negro. Otra mujer es la Paula Ubilla con su trabajo de mujeres pobladoras desnudas, el trabajo más sencillo y potente que he visto. De las jóvenes me gusta Zaida González, me encantan sus intervenciones porque tienen contenido y finalmente creo que la fotografía debe tener ética y estética. Necesito que la fotografía me interpele y la belleza sola no me interpela. Actualmente hay galerías como AFA que son pura estética.

De los hombres, me gusta mucho lo que ha hecho Alvaro Hoppe, Juan Carlos Cáceres me parece que es brillante y no ha estado en medios que lo visibilizaran, Marcos Ugarte, excelente reportero. De los extranjeros, los típicos y también siento mucha admiración por esos viejos fotógrafos que inventaban una serie de estratagemas para sacar una foto, de  Lucho Navarro me gusta toda su parte reporteril más que documental.

¿Crees que podamos hablar de un lenguaje femenino en la fotografía?

Evidentemente influye el autor, el que está atrás: si es mujer, si es lesbiana, si es pobre, rica, negra, indígena, etc. Yo tengo una mirada como talquina, mujer, lesbiana, feminista. Ahora no sé si habrá una mirada de mujeres al hacer fotografía, pero no me cabe ninguna duda que la condición de mujer hace que hagas un tipo de fotografía, que te fijes en algunas cosas, pero también es un trabajo individual porque algunas mujeres piensan en casarse, en la maternidad y otras no. Ser lesbiana y ser lesbiana autónoma te da otra mirada. Ahora yo tampoco creo en la identidad lésbica y eso no quiere decir que crea en lo queer. Somos sexuados y punto. Con el tiempo se van incorporando también otras experiencias, como psicóloga o las actividades que realices, incluso el hecho de usar celular, eso te ubica en algún lugar e influye en el momento de hacer fotografías.

Hoy la fotografía para ti ¿qué es o qué significa?

Es el lugar donde yo plasmo mi urgencia por hablar, por expresarme, es mi medio de expresión por naturaleza, necesito fotografiar, es una manera de escribir. Con respecto a las cámaras usé siempre Canon análoga y no sé usar otra, aparte de que me encanta el blanco y negro y lo prefiero. Me salió un trabajo donde me vi en la necesidad de utilizar otra cámara para respaldarlo, y me compré una canon digital que no es réflex, la utilizo para reportear y me vino excelente; debo reconocer que la llevo todos los días, es cómoda, pequeña, funcional, aunque tiene deficiencias de calidad pero me permite hacer exactamente lo que quiero, tiene un grano muy bonito.

Visible/ Invisible

En la inauguración de la exposición “Visible/ Invisible” te referiste a tu propio trabajo dentro del fotoperiodismo como literal e incluso panfletario y le restaste valor a la mirada personal o biográfica, ¿por qué?

Es que siento que mi mirada personal es ésa, panfletaria, y decir eso es despectivo, pero yo no lo siento así.  De hecho ahora voy a publicar un libro de rayados y panfletos de la época de la dictadura y me interesan porque dicen las cosas como son: “Paro nacional el 2 y el 3”, “18 mil asesinos en la calle”. En dictadura había que ser literal porque eso es lo que había que mostrar, eso no significa que menospreciara la capacidad de ser más sutil, pero tenía la urgencia de mostrar exactamente lo que veía. La  censura que hubo en esa época se debió también a lo mismo, a la fotografía explícita que se estaba desarrollando, pero era tu misión como fotógrafa. Cada día debía luchar por vencer el ego, el machismo, y el miedo, porque al principio todas mis fotos eran como movidas, y más que miedo, era pavor y nunca se me quitó, sólo aprendí a manejarlo, vivíamos con Dipirona, antiácido, era bien fuerte. Actualmente no estamos lejos de eso, he ido a todas las marchas para el 11 de Septiembre y estoy impresionada del nivel de represión policial. Si los militares en tiempo de dictadura hubieran permitido que los pacos reaccionaran como hoy lo hacen, estaríamos todos muertos. Sorprende ver que en marchas de mujeres por la píldora, por ejemplo, hay carabineros filmándonos a la cara y lamentablemente en el gobierno de mi presidenta, se ha actuado con total impunidad en delitos de carabineros. A un fotógrafo en la Araucanía le quitaron la cámara, la película, está preso y ¿dónde se publica eso? sin hablar de la tergiversación que se hace de las imágenes.

¿Cuál fue tu impresión de esta última exposición, rescatando esta mirada de la dictadura desde tres mujeres?

Me parece que una muestra así que está en dos lugares en el Göethe y en el Palacio de La Moneda merecía más difusión, y de este trabajo rescato a Montserrat Rojas, la curadora. Ahora, esta muestra histórica para otras personas es aburrida y muchos fotógrafos de nuestra época no van porque les da lata y lo entiendo. De nuestra generación estaba la Julia Toro, Paz Errázuriz, Carla Moller y no vi casi ningún colega hombre. La curadora tuvo la capacidad de que fuera entretenido dándole una nueva lectura al trabajo, además de que ella hizo todo: elegir el material, seleccionar, además saldrá un libro del trabajo de nosotras y yo soy la que está peleando para que hagan la ciudad de las fotógrafas porque en el documental aparece Paz, Inés Paulino y yo, pero casi nos ponen un telar detrás, nos ambientaron de tal forma que pareciera que sólo hicimos fotos en el pasado y supieran que yo vivo de la fotografía, no de la psicología, permanentemente te interpelan, preguntan si haces fotografías cómo no apareces en los medios o no has hecho exposiciones. El documental de la ciudad de los fotógrafos es bellísimo pero la óptica es machista, no aparece Helen Hughes y ella es antes que yo, estaba metida en ese mundo haciendo cosas increíbles y haberla omitido es imperdonable. Ojalá en esa ciudad de las fotógrafas se rescate a la Paty Alfaro, por ejemplo, que enfrentó a los militares, o Marcela Briones, es que había muchas mujeres e incluso nos juntábamos, Pilar Vergara que fue fotógrafa de la Vicaría y vive actualmente en Estados Unidos como fotógrafa, hay muchas fotógrafas a las que rescatar.

¿Por qué prefieres nominarte como reportera gráfica antes que como artista?

Porque hago harto reporteo, pero más que todo soy fotógrafa y este año he vivido de eso. Estoy realizando el seguimiento fotográfico del embarazo de una mujer aymara, algo más autoral, que es para un libro. He trabajado con niños y las fotos que hago por mi cuenta. Hoy día siento la misma impotencia que sentía en la dictadura y sobretodo en términos de la falta de libertad de expresión. Son tan pocas las veces que veo una buena foto en los diarios, habiendo tan buenos fotógrafos jóvenes, y estoy segura de que las tienen, pero no se publican, porque hoy hay editores y antes nosotros mismos editábamos todo el material. La mayoría de las fotografías que vemos en los diarios son fomes, siempre iguales, una repetición de buena iluminación, técnicamente bien armadas. No hay muy buen panorama para la fotografía en los medios, lamentablemente. Ojalá que los fotógrafos cuando hagan fotos hagan las de ellos y no entreguen todo el material para que algún día muestren la otra cara de la realidad, aunque les cueste el puesto de trabajo, ojalá se organicen y muestren lo que tienen que mostrar.

“Soy feminista las veinticuatro horas del día”

¿Te empiezas a llamar feminista durante el movimiento feminista en la década de los ochenta? ¿No entras en tensión allí por el hecho de ser lesbiana?

Cuando yo empecé a ser feminista no era como hoy día, en ese tiempo era ser cochina, no entender que el país tenía otros problemas más importantes que el ser feminista, y que ser feminista era ser anti hombres. Ingresé a una célula que se armó en la casa de la mujer La Morada, éramos cinco o seis mujeres y desde ahí soy feminista las veinticuatro horas del día, es una filosofía de vida, mantener la conciencia de la lucha y el respeto por nuestros derechos. No entré en conflicto por el hecho de ser lesbiana, ya que hay muchos feminismos. Con respecto a lo que dice Monique Wittig acerca de que una lesbiana no es mujer, una feminista tampoco lo es. Las mujeres y las lesbianas son una clase. Una mujer que tiene relaciones con mujeres ¿es una lesbiana? Se tiende a poner una identidad fija cuando en algún minuto en la vida hay más alternativas. Estar con un hombre no te quita ni te pone, ahora, es más difícil estar con un hombre para una mujer consciente, no hay hombre a la altura de lo que una decide hacer con su vida, en general están atrapados, tienen mucho trabajo por hacer y también una se acomoda en un lugar. Ser lesbiana también puede ser una costumbre y te vas cerrando a otras posibilidades, pero también es una decisión. Por ahora yo no podría tener un compañero hombre. Y en fotografía hacer fotografía lésbica no es lo mismo que ser lesbiana. En todo caso, tengo más cuento con el feminismo o con las mujeres en general. Me interesa mucho fotografiar el tema de la violencia por ejemplo, mucho más que las marchas del orgullo.

¿Por qué participar del movimiento feminista y no del lésbico?

Porque yo no me identifico tanto con el lésbico, aún cuando siempre abrí el tema en todas las instancias. Sin embargo, decir que el tema lésbico no era parte de mi bandera de lucha era parte de mi terror también, aunque siempre lo llevé a la esfera pública, me entrevistaban bastante por ser lesbiana, porque lo vivía abierto. No me metí en organizaciones ni grupos, pero muchas veces aparecía en los medios de comunicación dando entrevistas o en videos, llevé la bandera, pero la verdad no me interesa trabajar por los derechos de las mujeres lésbicas. Hay muchas cosas que legalmente se pueden hacer siempre y cuando tengas dinero, claro que por un tema de equidad no es justo. A mí me interesa más que las mujeres seamos sujetas de todos los derechos y que seamos nombradas. Hay millones de géneros, no creo en la bipolaridad, pero también hay otras categorías que caben en la clase mujer, pensando en esas transgéneras que sí tienen que celebrar porque existen, en cambio nosotras las lesbianas hemos hecho otra lucha y por supuesto no tenemos nada que celebrar en la marcha del orgullo y las lesbianas vienen desde ser mujeres, entonces ya hay trabajo político anterior. Otro tema que considero potente es el de la normativización, muchas parejas funcionan como en un matrimonio, pero ¿qué pasa con otras relaciones?, esa es una lucha que se ha venido dando en Chile y qué bueno que no tengamos siempre que asimilarnos, que cada uno sea lo que quiera ser, cuando hay aceptación de toda la diversidad, le das la oportunidad al otro de ser escuchado como quiere ser escuchado, si hasta la pareja es un invento, a mí la psicología me ha ayudado a no venderle a nadie un discurso porque todos los días descubro que cada persona es individual y lo que hago es ver quién habla, si es la madre o la iglesia y lo más difícil es dejar hablar a una misma.  

 


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