| Hablan dos Guerrilleras a 50 Años de la revolucion "No subí a la Sierra a cocinar" |
| Escrito por Fernando Ravsberg/BBC Mundo, La Habana/Lun, 15 de Diciembre | |
| lunes, 22 de diciembre de 2008 | |
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Cuando uno es joven y tiene una causa, entonces uno lucha porque la juventud es apasionada Aída GaleanoMaría Milán y Aída Galeano podrían ser dos abuelas cubanas más, si no fuera porque tienen una muy peculiar historia que contar. Son ambas muy elegantes, casi podría decirse que coquetas, pero el mayor encanto se produce cuando recuerdan su juventud, el trabajo en la clandestinidad y su incorporación al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.
Ríen abiertamente y sus ojos brillan cuando recuerdan aquellos años, la vida en la montaña, los combates y sobre todo cuando ambas se acusan de ser la autora intelectual de las travesuras. Fueron mensajeras, atendieron el hospital y participaron en algún combate a pesar de que los mandos se lo prohibían. Dos mujeres que están convencidas de que la Revolución valió la pena. "De lo contrario seríamos el garito de América", me comenta Aída, recordando los planes de la mafia italo-estadounidense. Cuando les solicitamos hacer una entrevista, se sorprenden. "¿Por qué nosotras?", nos preguntan asombradas. Pero acceden de buena gana a recordar aquellos días que, a pesar de la carga dramática, las dos rememoran con alegría. ¿Qué las llevó a convertirse en militantes clandestinas? Aída: Yo vivía en la finca de un senador y ahí conocí la explotación, vivíamos muy mal y nació en mí la rebeldía. Ahí es donde hago contacto con el hermano de María y me empieza a dar tareas clandestinas, boberías. Yo tenía 19 años. Existió el machismo en la sobreprotección de las mujeres, sólo nos dejaron ir a los combates de San Luis y Palma. Sin embargo, cumplíamos misiones riesgosas como buscar armas en Santiago o medicinas al Cobre María Milán María: Políticamente yo estaba en cero, lo mío era que Batista era un asesino y los muertos que había me impulsaron a luchar en la clandestinidad, vendía bonos, recolectaba medicinas y armamento para llevarlo al pelotón de mi hermano que ya estaba alzado. ¿En aquellos años, creían realmente que ese pequeño grupo de guerrilleros iba a poder derrotar al ejército de Batista? María: Cómo no, estábamos conscientes de que no éramos sólo nosotros, nuestro pelotón, sabíamos que había muchos compañeros. El Ejército Rebelde se había nutrido de muchos campesinos. No sabíamos cuándo, pero sabíamos que al final ganaríamos. Y estaba Fidel, un hombre sobrenatural, dotado de cualidades de mando, humanas, un previsor. Él sabía lo que estaba haciendo. Aída: Cuando uno es joven y tiene una causa, entonces uno lucha porque la juventud es apasionada. Además veníamos conociendo al compañero Fidel desde el Moncada, teníamos fe en su vida recta, en su moral, había que creer en él. Era como una tabla de salvación. No sabíamos de política, sabíamos de rebeldía y sabíamos que había que acabar con aquel sistema... demasiado dolor y demasiada sangre. María: Yo estaba llevando un mensaje del "III Frente" al "II Frente" cuando le avisan a mi padre que no podía regresar porque me estaban esperando acusada de matar a un policía (no tuve nada que ver en eso). Yo me alzo por el miedo a que me fueran a matar. ¿Qué significó para ustedes como mujeres subir a las montañas? Aída: Yo ya vivía tan mal en la finca de aquel senador que no hubo mucho cambio. Mi situación era además insostenible, ya la policía sabía de mi relación con el (Movimiento) 26 de julio. María: Existía machismo, todavía existe. En la Sierra yo nunca permití que me mandaran a la cocina, yo no fui a la Sierra ni a lavar ropa ni a cocinar. Mi temperamento no me lo permitía. Existió el machismo en la sobreprotección de las mujeres, sólo nos dejaron ir a los combates de San Luis y Palma. Sin embargo, cumplíamos misiones riesgosas como buscar armas en Santiago o medicinas al Cobre. Ustedes atendieron hospitales. ¿Cómo se trataba a los prisioneros heridos? ¿Cómo fue el primer momento después del triunfo? Aída: Yo no sé ni lo que pensaba en ese momento, sólo pensaba en que habíamos triunfado. El pueblo entero volcado en las calles desde la Punta de Maisi hasta el Cabo de San Antonio. Pero la verdad es que nunca me pregunté cómo íbamos a formar un gobierno cuando la mayor parte del Ejército Rebelde era casi analfabeto. Con tan poca información política, ¿qué piensan cuando Fidel Castro anuncia la vía socialista? María: Yo le soy honesta, yo sentí cierto temor porque antes el socialismo era algo muy malo, malísimo, nos decían que mandaban los niños a Rusia. Pero siempre me alumbró aquella confianza absoluta en Fidel. Yo me dije, "bueno, Fidel sabrá lo que está haciendo". Aída: Mi confianza en el compañero Fidel era y es ciega, y yo sé que él siempre ha hecho lo acertado y ha tomado las decisiones correctas. Además, yo lo veía más natural porque procedo de Manzanillo, un pueblo donde el Partido Comunista era muy fuerte, teníamos el único alcalde comunista del país. Cincuenta años después, ¿creen que valió la pena la lucha y el sacrificio? María: Si tuviéramos que volver a repetir lo mismo, lo volveríamos a hacer y ahora con más experiencia política. Yo soy de un origen campesino muy pobre, lo poco que pude estudiar fue después de la Revolución. Cuánto nos hemos desarrollado... ahora mismo a mi hija le están poniendo una vacuna para el cáncer que se fabrica aquí. A mis 70 años, no sólo no me arrepiento sino que sigo luchando. |
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