| En la espera de una política pública dirigida a las trans |
| Escrito por Por Tatiana Sepúlveda , Transgéneras por el Cambio de la ciudad de Talca | |
| domingo, 16 de noviembre de 2008 | |
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Bueno, mi nombre es legalmente Juan Evaristo Sepúlveda Arenas, pero realmente soy Yo, Tatiana Sepúlveda Arenas. Sí, Yo una persona que desde muy niña me sentí totalmente diferente al resto de mis amigos, compañeros, familiares y sociedad. El punto es que tan diferente al resto me sentía ayer como me siento hoy, con la realidad y situación que estoy pasando ahora. Una persona que a través del tiempo a logrado muchas cosas y perdido demasiadas, como por ejemplo: he ganado un espacio en la sociedad o mejor dicho, estoy queriendo que me acepten como realmente vivo, respiro, siento, me enamoro, en si poder lograr que una sociedad comprenda que así como el mundo es diverso, la vida del hombre o del ser humano es diversa y existe diversidad en toda la humanidad. Entre las cosas que he perdido, esta mi salud, la inocencia, el lado amable de la vida, el cariño por parte de algunos familiares, amigos, trabajo, educación, a mi padre y de algunos conocidos y por conocer. Sin embargo sigo viviendo, tratando de sobrevivir, donde en mis todavía treinta y ocho años no logro comprender por qué la vida se vuelve un problema, o si soy yo o realmente la sociedad que con toda su sabiduría y modernismo no ha logrado aceptar y aceptarse. Mientras todo parece caminar en forma adecuada las personas homosexuales en este país son vulneradas, pisoteadas, miradas con signo de exclamación, con una cara de interrogante, o a veces con una mirada de rechazo, no aceptación por su condición sexual, étnica, en fin... todo lo que al hombre le parece que no está en un catálogo o es perfecto, es diferente. ¿Somos mercadería o algún objeto que solo ocupa espacio en este mundo? En realidad todos somos iguales y sólo se logra comprender al resto cuando en su vida tienen problemas de gran magnitud, pero algunos no alcanzan ni siquiera a darse cuenta y sólo viven su mundo encerrados en un mundo unitario del yo primero, puede también que su sufrimiento sea tan grande que sólo queda espacio para él. A través del tiempo después de estudiar básica, media, me toco hacer mi primera aparición en publico, pero no fue porque me gané un premio, sino porque era la primera vocal de mesa transgénero en la historia de Chile, que ejercía su derecho a asistir como realmente me encontraba. Fui acosada por la prensa, la gente, los hombres, en fin, era el bum del momento, me sentía acorralada, llena de temores, parecía que todo estaba contra mi, parecían fieras tratando de lastimarme, gritando muchas cosas que no quiero nombrar, pero el recordarlas a veces me hace pensar que muchas de esas cosas por las cuales yo pasé, aún siguen pasando, no con frecuencia como antes, pero están todavía. Es un cuento de nunca acabar, sigo siendo discriminada por mi sexualidad, mi género, mi vida, etc. Pasando ese año tomé una decisión firme con ayuda de otras personas trangéneras de Santiago. Me ayudaron a formar la primera organización de personas transgénero en la región del Maule, en Talca.Todo parecía que estaba en buen camino, pero aún faltaba lo más importante, la personalidad jurídica de Nº 666. Todos estos trámites los logré con ayuda de las trans de Santiago. Copia de sus estatutos, en fin, todo el papeleo que exigen las autoridades. En el largo proceso venía la gran lucha por la aceptación de la sociedad para todas las integrantes de mi organización. Fui presidenta por tres años seguidos, durante los cuales fui utilizada para campañas políticas, tanto yo como mi organización, donde tuvimos nuestras primeras marchas de sensibilización ante una sociedad conservadora, ante los ojos atónitos de las personas que nos miraban, nos aplaudían, se mezclaban también entre nosotras los futuros concejales, candidatos a alcalde, organizaciones no gubernamentales como amnistía Internacional, la Casa del Pueblo y gente que en ese momento nos apoyaba. Algunas prometieron ayudarnos a salir adelante pero todo fue una mentira, porque las personas que ese día marcharon con nosotras y que hoy ocupan cargos públicos, nos dieron vuelta la espalda. Sin ayuda social, sin sede, sin trabajo, con cursos de escasas horas de talleres de peluquería y emprendimientos pobres, el gobierno de turno aún no consigue crear una política pública dirigida a las personas transgéneras de este país, que solo fomentan la prostitución, lugar que nos ha dado durante toda una vida expuestas al abandono, la miseria, vulneradas, sin oportunidades laborales y beneficios por parte del gobierno. Sólo somos importantes para las elecciones porque lo que cuenta para ellos es el voto y no la persona. Más aún cuando se trata de nosotras. Seguimos siendo utilizadas con descaro, mienten frente al mundo diciendo que en nuestro país no hay discriminación, sólo maquillan la información y bajo esta pincelada se oculta el lucro, el poder, la ambición, pero sigo aquí esperando mi turno. Me pregunto si aún me quedan fuerzas para seguir en este mundo donde todos son dueños del otro y hacen con la vida de nosotras un pasar miserable como en tiempos prehistóricos. Me pregunto ¿qué pasara con mis amigas y sus pensiones si resultan rechazadas?, o ¿seguirán prostituyéndose ante un gobierno que promueve la prostitución esperando que mueran sin ninguna ayuda, por la mirada indiferente de las autoridades que ejercen las políticas públicas? Hoy estamos de vuelta intentando otra vez insertarnos a la sociedad por medio de la postulación o mendigando un hogar donde podamos vivir dignamente, pero aún en esta Ley somos nuevamente discriminadas. Con una carta dirigida a la directora del Servicio de Vivienda y Urbanismo y con consulta a la Ministra de la Vivienda, esperamos ansiosas una respuesta satisfactoria a nuestra solicitud o ¿derecho?, sí porque como ustedes pueden apreciar nuestro derecho a la vivienda social está en manos de ellos, o sea nuestros derechos no son nuestros, si no de ellos que aún manejan nuestras vidas como patrones. A este proyecto se le suman otras compañeras de regiones, pero si no nos resulta a nosotras, menos a ellas, porque es la primera vez que en Chile podrían hacerse beneficiarias a la postulación de la vivienda social personas transgéneras, solteras y en estado de prostitución, hacinadas en conventillos o en antiguas casas que antes fueron prostíbulos y que aún existen. No perderemos la esperanza, tratamos de salir adelante con ayuda de organizaciones internacionales como Participa, Amnistía, El Teje -primer periódico Travesti Latinoamericano-, ONGs de mujeres en riesgo social y que han sido vulneradas. Nuestro próximo paso es lograr que en este país se reconozca el derecho a la propia identidad, para así poder tener un mejor pasar en este camino lleno de necesidades y vulnerabilidad y abandono por parte de la sociedad y gobierno. ¿Por cuánto más tendremos que pasar para que se nos valorice como personas y no como objetos, con derechos sin importar nuestra condición sexual, religiosa, étnica, etc...? |
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