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Nos tenía que tocar a las mujeres la primera fecha emblemática desde el desastroso fin del verano. Hoy, cuando las imágenes de la destrucción que dejó el terremoto del 26 de Febrero se entremezclan con el siempre conmovedor sonsonete de Don Francisco, ronda la impresión de que la unidad nacional no es un insistente llamado de las derechas desde el triunfo de Sebastián Piñera, sino un lema escrito con letras de oro en nuestros corazones. ¿Alguien se atreve a cuestionarla? ¿Quién dijo yo? Nos toca opinar cuando el toque de queda vuelve a nuestras ciudades y, lo que es peor, a nuestras conciencias. Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock”, supo decir en fácil lo que pudimos haber intuido si mirásemos más a nuestro alrededor: Las sociedades enfrentadas a situaciones de tensión son fáciles de docilizar. Sin darnos cuenta, y l@s chilen@s en eso damos cátedra, podemos encontrarnos siguiendo a cualquiera que nos asegure tranquilidad, pues una sociedad presa del pánico, no tiene más opciones que dejarse conducir y manipular. Por eso, este este 8 de Marzo estamos más atentas que nunca. Nada en contra de la unidad pero ¿la unidad de quiénes? Nada en contra de la solidaridad, pero a nuestro modo. Si alguien creyó ver, gracias al terremoto, alguna muestra de la naturaleza humana (salvaje y cruel o filántropa y empática según se hablase de pillaje o la teletón), ya puede mirar por segunda vez y todas las veces que sean necesarias para entender que la única naturaleza que actuó aquí fue la que remeció la tierra y desbordó las aguas. El resto es lo que hemos ido construyendo en años de neoliberalismo y desigualdad social, desconfianza y cinismo asistencialista pechoño. Lo que muy pocos mostraron, los verdaderos gestos de hermandad y acción organizada, es lo que podemos seguir construyendo en adelante. Es por eso que no callamos este Día de las mujeres. Porque hablar del 8 de Marzo es hablar de organización y porque sabemos que son las mujeres las que en tiempos violentos y de catástrofe quienes se encuentran más expuestas: al ultraje, la violencia, el hambre y todo tipo de abusos. Sabemos que por muy natural que sea un desastre, no se vive igual en Zapallar que en Tirúa o Iloca y eso no es casual. Revolviendo entre todo lo que botó la ola, se me ocurre por el momento sólo una lectura esperanzadora de la semana deprimente que hemos tenido, y no tiene que ver con los millones de la cruzada solidaria. Tiene que ver con la solidaridad que estamos reinventando y los vínculos que seguiremos fortaleciendo. No seremos presas del pánico si el toque de queda no se nos sube a la cabeza. |